God save Britain

Este post es para escribirlo con el polo de Fred Perry y la Harrington puestos mientras suena "London Calling" de The Clash. Una oda a la cultura televisiva británica que si bien exportan Geordie shore, también realizan grandísimas series y películas a tener en cuenta.



Con las series británicas que están emitiendo últimamente no soy nada imparcial, me encantan casi todas. Puede que se deba a la admiración que siempre he tenido por la cultura británica: Radiohead, David Bowie, The Beatles, Sex Pistols, Joy Division, The Smiths,...No hay mercadillo que me guste más que el de Candem Town ni mejor pinta que una de London Pride Special mientras ves el Flying Circus de Monty Python.

Además de su amplia y variada cultura musical y cervecera, de las islas han salido directores que han sabido llevar al cine los ciclos de la economía y sociedad inglesa como Ken Loach en Tierra y Libertad, los peores años de Margaret Thatcher como Shane Meadows en This is England o los bajos fondos las grandes ciudades como Danny Boyle en Trainspotting.

Volviendo al presente, las últimas series salidas de Gran Bretaña son cortas, directas y se empeñan en no dejarte indiferente. Un máximo de 3 capítulos es lo que se rueda en la versión moderna y mejorada de Sherlock (nada que ver con el drogadicto y patoso americano de Elementary) y en la reflexión sobre los límites de la tecnología, la ética y la privacidad en Black Mirror




No es que sean cortas, es que no dan un respiro y si parpadeas te has perdido un matiz para entender media temporada. Sherlock y Black Mirror son de ese tipo de serie en las que no te sientes una imbécil viéndolas, respetan tu tiempo y tu imaginación sin tener que dártelo todo masticado y escupido sobre la pantalla.

Aparte de respetar tu tiempo, se agradece encontrar en las series británicas un tipo de sensibilidad en peligro de extinción; la de insinuar y provocar sin necesidad de mostrar. Esto último es lo que sugiere See the evil: The Moor Murders, una serie de dos películas en las que se narra la historia de Ian Brady y Myra Hindley, los asesinos de Manchester. Es difícil narrar las atrocidades que realizaron sin mostrar apenas nada, no caer en el morbo de enseñar las fotos con las que ilustraban sus crímenes y quedarte con la reacción de la gente que las encuentra, transmitiendo más que las propias fotos. 

En el polo opuesto, y por necesidad, Dead Set y Misfits. La primera es serie de únicamente 5 capítulos en los que un apocalipsis zombie (típico, pero espera al final) arrasa Gran Bretaña y los únicos que no se han enterado son los habitantes de Gran Hermano, ellos siguen discutiendo por quién se ha bebido el último cartón de leche y confesándose al "súper" mientras los cámaras luchan por su vida en el exterior de la casa.


Finalmente Misfits representaría lo que viene siendo una serie al uso; 4 temporadas a 13 capítulos cada una de ellas. Pero de convencional no tiene nada, rompe con la idea que nos han vendido Marvel y DC comics sobre los superhéroes. No todo aquel que recibe unos poderes sobrenaturales tiene o quiere hacer el bien común como Superman o Batman, bueno éste último no tenía superpoderes, tenía una súper cuenta corriente, los hay quienes los utilizan para vivir sin trabajar, ligar y escaquearse del servicio comunitario como los protagonistas de Misfits mientras suena una buena banda sonora que incluye a The Rapture, Florence and the Machine y Hot Chip entre otros.

God save the BBC, channel  4 and E4!

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