Cine: ciencia y arte

Tras el descubrimiento del primer cinematógrafo en 1895 por los hermanos Lumière, (el cual era una mejora de kinetocopio de Edison mostrado en 1984), el cine fue estudiado como una nueva ciencia. La posibilidad de tomar imágenes en movimiento permitió registrar los grandes acontecimientos de la época, como por ejemplo, el primer vuelo de los hermanos Wright en 1903.



Al mismo tiempo, el cinematógrafo fue utilizado como el instrumento para captar historias ficticias. Se pasó de ver a los actores en el teatro a la gran pantalla, universalizando el acceso al arte de la interpretación.

Este hecho se lo debemos en gran medida a Georges Méliès; ilusionista y cineasta francés que desarrolló los primeros efectos especiales en el cine.

Méliès asistió a la presentación del cinematógrafo de los hermanos Lumière y quedó impresionado. Tras intentar comprarles el invento, sin éxito, desarrolló su propio cinematógrafo con el que filmó cientos de películas de ficción. La más reconocida, si ninguna duda es "Le voyage dans la lune":



Las películas de Méliès no contaban con la tecnología de hoy, pero consiguieron llegar a miles de personas, tal vez por la fascinación al nuevo invento o a los efectos especiales. Y sólo la primera Guerra Mundial fue capaz de apartar a George Méliès de su gran trabajo de dirección.


Méliès ha sido reconocido como uno de los pioneros del cine al ver en el cinematógrafo una forma de contar historias e introducir efectos especiales, haciendo del cine no sólo una ciencia sino también un arte.

El cine tiene su parte científica: iluminación, sonido, fotografía, efectos especiales,...Y por supuesto tiene su parte artística: interpretación, vestuario, decoración, etc. Desde su invención hace casi 120 años hemos pasado de cortar y pegar negativos, a rodar películas ante una pantalla croma que permite introducir medio reparto por ordenador.

La ciencia ha evolucionado mucho estos 120 años aportando nuevas tecnologías al cine. Asimismo, la interpretación y dirección han ido evolucionando con él, puesto que no es lo mismo dirigir a Bette Davis en "Eva al desnudo" que a un informático para que meta (con calzador y sin sentido) a Jar Jar Binks en la segunda trilogía de "Star Wars". Aunque  la interpretación de uno y otro no hay software que lo iguale, ahí la parte artística prima más que la tecnología y a menos que podamos clonar a actores como Paul Newman, Katherine Hepburn, Carmen Maura o Luis Tosar. 


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